Mis primas no podían
aguantarse el pitorreo al ver mi cara y oír mis protestas de niña
pequeña porque en "El bar de Rafa" habían puesto
mesas y sillas nuevas. La verdad es que fue un impacto. La más joven
de ellas me acusó de comportarme como cualquier turista simplona
de ciudad, que cree que cuando vuelve al pequeño pueblo de turno
las cosas van a estar como la última vez. Hay que reconocer que no
le faltaba razón. Me comporté como un turista simplón
de ciudad, uno de esos para los que sólo existen los pueblos pequeños
cuando se va de vacaciones.
Y es que, a pesar de que a mí
me gusten más las mesas viejetas de "El bar de Rafa",
sus dueños también tienen derecho a renovarse, y sus clientes
derecho a sentarse y comer en mobiliario más cómodo, no
por eso el bar va dejar de tener la buena fama y la solera que se le reconoce
en toda la provincia.
Pero como las sillas de Rafa, el resto del pueblo ha de renovarse. Necesita
renovarse en muchas cosas, pero el pueblo en su conjunto, lo que significa
Alcadozo en sí. Y aquí entiéndame quien lea estas
líneas. Hablo de renovación, pero nunca de perder identidad,
tradiciones y carácter. Que de todo tenemos mucho.
Me parece tan peligroso no renovarse como hacerlo renunciando a lo anterior.
Lo moderno no es bueno por defecto, aunque desde pequeña he tenido
la impresión de que en muchos sitios se creía justo lo contrario.
No sé... yo intento guiarme por lo aprendido en mis 29 años.
Veraneo en Alcadozo desde que tenía siete, creo, más o menos.
Rrecuerdo que cumplí los 9 allí y no era el primer verano
que pasaba con los abuelos. ¡Al grano!
Recuerdo cuando daban el agua sólo unas horas al día...
y recuerdo que por ello aún algunas veces iba con mi abuela al
lavaerete que había saliendo por la carretera de La Quebrá.
Luego ya no cortaban el agua, y el lavaerete cayó en desuso, y
después lo tiraron. Y recuerdo igual mi disgusto cuando, al ver
los lavaderos de otros pueblos de la provincia, descubro que el nuestro
era el mejor conservado de todos y el más grande. Nos lo cargamos
y resulta que teníamos un pequeño tesoro allí.
Algo parecido pasó con las fuentes del pueblo. Eran muy nuestras,
recias, sobrias y sencillas, pero muy nuestras y muy serranas, recordaban
los tiempos de arrieros y carreteros, los tiempos en los que Alcadozo
era capital de la madera en los contornos, cuando los caballos abrevaban
en nuestras fuentes. Pues cegamos el pilar que había frente a la
iglesia, chapamos de piedra y coloreamos la fuente de la plaza, y sustituimos
ese pilar tan particular que había frente a las antiguas escuelas
(no he visto ninguno parecido por los alrededores) por una graciosa fuentecita
de tres platos pintadita de azul y ribetes negros, amén de esas
fuentes macizas de ladrillo en las que beber.
Pero no haya malas lecturas de esto, no critico a nadie, ni voy contra
nadie, tan sólo es autocrítica. La responsabilidad es de
todos. Porque creo que en esos cambios lo único que hubo fue buena
intención, de mejorar las cosas... lo malo es que se renunció
a una parte, pequeña, pero una parte de lo que hemos conseguido
ser a lo largo de los años. Se podía haber restaurado todo
lo antiguo, que no viejo, y haber traído las aguas a las antiguas
fuentes igual que se trajo a las nuevas.
Creo que en esas tres fuentes
y en ese lavadero había una parte, pequeña pero la había,
de nuestra conciencia histórica, de lo que nos hace ser alcadoceños.
Mi memoria histórica sólo llega 29 años atrás,
¡y ni si siquiera eso!, y los retazos que me cuentan mis parientes,
que esos sí que son tesoros. Por lo que me cuentan había
una fuente en un campo frente al cementerio, más arriba del campo
de fútbol, que sigue allí pero cegada. Entraba en la tierra
como si fuera una cueva... sólo he oído contar de ella cosas
sueltas.
Lo de las fuentes, el lavadero,
las sillas del bar, son pequeñas muestras, como el que en muchas
casas del pueblo aún existan pilas de piedra para lavar la ropa.
Aunque apenas la usamos sabemos que cuando la lavadora no deja la ropa
todo lo bien que debiera, ahí está la peaso de pila para
rematar la faena. Buena muestra, y muy doméstica, creo yo, de progreso
y tradición unidos.
Espero haberme podido explicar
un poquito con esto los ejemplos, intentando mostrar mi concepción
de lo que es y debe ser Alcadozo, y siempre desde el respeto a mis vecinos.
Nieves M. Martín
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