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       Me hubiera gustado ser más regular esto últimos meses en la escritura de mis articulillos. Para unos habra sido un descanso, otros puede que me hayan echado de menos, sea como fuere, y como nunca llueve a gusto de todos... he vuelto.

Primaveras

Detalle de "La Primavera"       Hace unos años alguien me dijo que la primavera era, además del inicio del buen tiempo, también la estación en la que más gente moría de causas naturales. No sé por qué la vida elige esta estación para renacer tanto como para extinguirse.

       El ejemplo más famoso de todos, y el que perdurará más en la memoria colectiva será el del Papa, Juan Pablo II. Antes de él en nuestra pequeña memoria local este comienzo de primavera hemos perdido a unos cuantos vecinos, todos ellos familiares queridos de nuestro pueblo. Mi madre me daba su explicación de todo esto. Tal vez el esfuerzo que le cuesta a la tierra salir del invierno y salir de nuevo al Sol, tal vez requiere tanto esfuerzo que sólo los que se mantienen fuertes pueden superarlo. Es una elección natural. Otro ciclo de la vida que se completa, por eso no creo que, a pesar del dolor que produce la pérdida de uno de nuestro mayores, no me parece algo malo. El día que Precioso, mi abuelo, murió, llovió. Hacía mucho que no llovía, y ese día se animó una llovizna muy primaveral. Y, por muy cursi que pueda resulta, a pesar de la tristeza, se me alegro el alma. Era como si alguien me quisiera decir que mi abuelo había vivido lo que tenía que vivir, que debía desaparecer como ser vivo, pero que estuviera tranquila porque se había completado un viaje, el de Precioso, al menos el de su cuerpo. Cuando le tocó el turno a mi abuela sentí lo mismo, por mucho que llorara, era lo mismo.

       Hay momentos en que a la naturaleza se le cruza la poca educación de la desgracia, y manda que se nos vaya gente a la que no le tocaba. En este caso, cuando lo he vivido de cerca, intento asumir la pérdida diciéndome a mí misma que hay alguna razón, que no obedece ni mucho menos a ciclos vitales o estacionales, pero alguna razón habrá, aunque a mí se me escape, o esté muy lejos de querer siquiera saber de razones en esos momentos de pérdida.


       El sábado estaba ejerciendo una actividad tan de mujeres como ir a la pelu para "eliminar y ordenar junglas". Esperando a que me atendiesen leía un reportaje en una de esas "revistas de pelu" sobre el Papa. Cuando volví la página y vi su foto, lo único que quise fue que descansara, que él ya debía descansar. Cuando ha muerto no he sentido tristeza, sí pena por una persona mayor que lo ha pasado mal hasta que ha expirado, pero he sentido tranquilidad porque las cosas eran como debían ser.

       La primavera de Botticelli (1482)
       La primavera de Botticelli (1482)


       Después de eso, de completar ciclos, a los que nos quedamos completando los propios, nos queda desearnos la fuerza que tuvieron los que ahora descansan.

       No estuve de acuerdo en muchas cosas con mi abuela, no hacía más que contradecir a mi abuelo, y del Papa, de éste me parecía su conservadurismo muy perjudicial para una institución tan importante para tantas personas como es la Iglesia Católica. Pero de todos he envidiado siempre la fuerza para vivir.

    Nieves M. Martín

17 de abril de 2005 
 
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