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De paseos, recuerdos y orgullos |
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Paseando
recordé, y al recordar me enorgullecía de los recuerdos, y
con el orgullo venían a mi memoria más recuerdos, que volvían
a llenarme de orgullo, en un magnífico y precioso círculo
vicioso. Eso, quede o no florido, ha sido lo que experimentaba estos últimos días mientras le hacía a mi chico las veces de guía en su primera visita al pueblo. He tenido suerte. Para ser tan de ciudad le ha encantado Alcadozo. Mientras pasábamos por cualquier sitio, a cada paso me requería, me preguntaba qué era aquello, qué parte del pueblo, por qué eran así las casas. Me hizo mucha gracia, por ejemplo, que se quedara admirado de que muchas casas aún conserven los antiguos soportes para la luz.
Se refería a esas pequeñas piezas circulares de cerámica
que recorrían las fachadas y que servían como aislantes y
soportes del tendido eléctrico. Y como ése, miles de porques,
pero es que yo le daba aún más explicaciones. La verdad es
que no hacía mucha falta que me preguntara. Según hacíamos
camino le iba explicando por propia iniciativa. En esos ratos soy más
consciente de lo poquito que sé de nuestro pueblo. Pero mi afición
por devorar las historias que me contaban mis mayores, las historias del
pueblo y las familiares -en buena parte se cruzan y funden ambas, porque
al fin y al cabo, la historia de un pueblo es la historia de sus gentes-
me ha hecho coleccionar retazos valiosos que me encanta contar según
me los han narrado a mí. Así que con esa política he
vuelto un poco loco a mi chico, que entre la historia y parentesco que me
une a un nutrido grupo de alcadoceños y la propia de nuestra población,
ya tiene materia que empollar hasta la siguiente lección, que será,
como no, durante nuestra siguiente visita.Le iba contando historias más recientes y otras más viejas... que si en el lugar que ocupa la plaza de toros existía un lavaerete de los más grandes y mejor conservados que había por los alrededores. Que si junto a la Tejera vivían varias familias en casas que se metían en la tierra y que ellos mismos habían excavado.
Que si la sepultura más antigua que conozco en el cementerio es de
1874, año arriba, año abajo, aunque seguro que hay restos
más antiguos que ya no son visibles. Que si en Las norias había
una balsa en la que se remansaba el agua, igual que cada una de las norias,
y que a mí me daba mucho miedo de pequeña porque no veía
el fondo, sólo algas y plantas bajo el agua, y pensaba que si me
caía nadie iba a poder sacarme. O que la razón de que haya
tanto "canto rodao" en nuestros campos es que toda la zona estaba
cubierta por el mar hace miles, millones de años, y que también
por eso es relativamente fácil encontrar fósiles de animales
y plantas marinas cuando se aran los campos. Por eso siempre que salíamos
al campo se pasaba todo el rato mirando el suelo, buscando piedras y trozos
de tierra que pudieran esconder algún bichejo ilustre. Tanto levantar
piedras que al final de debajo de una salió un alacrán, muy
contrariado por la molestia que le acabábamos de causar, pero, lejos
de atacarnos de ninguna manera, el pobre animal intentaba alejarse lo antes
posible en busca del fresquito bajo alguna otra piedra. Tiene
gracia, hasta entonces no había visto ninguno de los famosos alacranes
que habitan por allí. Sabía de su existencia, por supuesto,
pero no me había cruzado ninguno. En ese momento pensé que
sólo a uno que sea muy de ciudad se le ocurre levantar piedras con
esa alegría, sin pensar en lo que puede haber debajo. Menos mal que
mi querido acompañante está muy concienciado con eso respetar
el campo y a sus habitantes, y dejó marchar sin más a la criatura.
Gracias al urbanitas madrileño he podido ver que estos animales parecen
hechos de oro y ámbar. Aunque peligrosos parecen joyas salidas de
las manos del mejor orfebre.Hay para más. Alcadozo da para esto y para mucho más. Los abuelos y los padres saben... así que preguntadles. Ellos guardan la memoria. |
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Nieves M. Martín |
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| Agosto de 2003 | |
| www.alcadozo.com |