Matanza 2002: tradición y familia

 
    
De la del cerdo. En mi casa ya llegó, y pasó... ¡¡¡ menos mal!!! Las tradiciones son muy bonitas, muy prácticas para muchas cosas, y muy trabajosas algunas como ésta de hacer en casa el embutido del año. Es una hucha, ¡qué duda cabe! Pero lleva muuuucho trabajo. Qué le voy a contar a cualquier alcadoceño con un poco de memoria.

    He estado en algunas, no muchas la verdad, un par como amiga, el resto como parte de la familia que hacía la matanza, y según voy cumpliendo años más me admiro del saber que encierran esos días.. y todo ha pasado de boca en boca, de padres a hijos, de madres a hijas... Lo que no me gusta mucho es la división de tareas que se hace por sexos. Eso no acabo de comprenderlo. En su momento seguro que tenía su razón de ser, pero ahora no le veo mucho sentido. No sé, tal vez me equivoco.

    A lo que iba: Yo no era consciente de todo lo que hay que saber, y de cómo hay que ponerlo en práctica... de las cantidades de especias que se deben poner en los embutidos, del tratamiento que lleva cada parte del cerdo, de cómo se despieza, de la utilidad de cada uno... de los "jabones" y "enjuagues", de cómo se complementa la fuerza del "horete" con el agua siempre dispuesta en pucheros, barreños, cubos... caliente y fría... de la sabiduría que hace falta, la memoria para acordarse de que hay que pinchar un embutido y el otro no, que hay que amasar éste con estas cantidades, de que limones y naranjas en agua son igual de importantes... del baño de hinojo para que la tripa esté caliente antes de embusar, y así no se pegue y admita bien la masa, de la fuerza y constancia que hace falta para amasar de rodillas cebollas, especias, sangre, carnes... de lo esforzado que es hacer girar la manivela de la máquina de embusar y triturar... de que te falta el aliento cuando entra tocino y la cosa va más suave cuando se está triturando "chicha".

    Pero todo el trabajo se da por bueno cuando te comes un trozo de forrete asado en la lumbre, o cuando llegas a la sartén a sacar a una sopa de ese ajo de mataero, y nos peleamos todos, mayores y chicos por ver quién se come los piñones que han sobrado después de echarle al ajo.

    Este año nos faltó el arroz dulce, tradición familiar... en cada caso hay algo que hace la matanza diferente a la de las otras.

    A los que sigan haciendo matanza, mi admiración para todos y ánimo que merece la pena, creo yo... :-)

    Nieves M. Martín