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Alcadozo secreto: leyendas subterráneas

      Dicen que la cuesta de la Tejera, ésa de la que apenas quedan dos trozos de muro en pie, la calle que ahora lleva del depósito a la plaza de toros, dicen que se comió unas casas. Sí, eso dicen los que regalan historias en el pueblo. Dicen que allí vivían varias familias en casas excavadas en la tierra, como las del Sacromonte de Granada. Pero pasó algo -algo que no quieren regalar los que se saben la historia- y se cegaron aquellas casas subterráneas, y sus vecinos tuvieron que irse a otro sitio. Alcadozo también tiene sus leyendas secretas bajo tierra.
 
      Sus paredes pintadas de cal blanca o azulada, sus chimeneas, sus alacenas, sus escaleras robadas a la arcilla y las piedras volvieron un día sin más a ser lo que fueron; tierra, grano sobre grano, para cegar en oscuridad trozos de vida de algunos alcadoceños.
 
      Una noche una niña se va a acostar. Le parece que duerme y sin más ve sus pies descalzos, al borde de una escalera encalada y, abajo, la oscuridad le invita a entrar. Da un paso, da dos.. al tercero se ilumina la escalera. La luz procede de más abajo, un poco más abajo. Sigue bajando. No tiene miedo, sólo mucha curiosidad. Sabe que va a descubrir algo que le resulta ya familiar. La escalera da acceso a una habitación también blanco cal. Una habitación de techos redondeados y suelos con baldosas de barro cocido. Hay cuatro sillas de esparto y madera y una mesa redonda vestida con sallas. En la esquina contraria a la de la escalera hay una chimenea, pero no se usa. De su tiro sale el tubo de una estufa que ocupa el mismo hueco de la chimenea. Alguna foto en blanco y negro colgada en las paredes. Todo está limpio y ordenado... es acogedor. Al otro extremo... sale un pasillo... oscuro... y la niña quiere seguir viendo qué es aquello. Al otro extremo de la pequeña sala hay unas cortinas que hacen de puerta... la niña abre las cortinas... hay otra sala, ¡la cocina! -piensa la niña- Hay unas pilas de piedra junto a un hogar de los de antes... el tiro sale de la esquina que se corresponde con la chimenea de la sala anterior... en el centro una mesa de matanza, en ella un plato con algunos torreznos del día anterior, y otras tres o cuatro sillas contra una de las paredes... una alacena excavada en la pared y con cortinas por puertas.. La niña las abre. Es para los cacharros. Hay platos de loza, vasos, pucheros para hacer la comida en la lumbre, sartenes. Todo limpio y ordenado. Y sigue... frente a la primera puerta se abre otra... con otras cortinas haciendo de puertas... y las abre también, otra habitación encalada... hay dos camas, una más grande y otra más pequeña, y una mesita en el centro. Las camas no son iguales, ni la mesilla hace juego con ninguna de ellas.. están hechas y sobre ellas dos colchas, que tampoco hacen juego. En el techo la misma bombilla sostenida por una sencilla lámpara, como en las otras dos habitaciones... los cables de la luz bordean las paredes y las recorren atravesando las cortinas por las esquinas de las puertas, así de una habitación a la otra, con unos viejos interruptores redondos en la pared, junto a cada una de las cortinas.
 
      Oye ruido en la siguiente habitación, que sale desde la pared sobre la que descansan los cabezales de las camas. Conoce la voz... ¿Abuelo? -pregunta la niña-. De detrás de las cortinas sale un hombre con boina, ropa de campo, alpargatas y una espuerta en la mano. Es el abuelo que, sin mirarla, llama a alguien "¡¿muchacha?! Que está a aquí la chiquilla.. y descalza! ¡¿Jesús, como dejas que la cría ande así con el frío que hace?!!-¿Está la abuela también?- pregunta la niña mientras se le ilumina la cara.
 
      "Despierta, que ya es la hora"... la voz de su madre. Abre los ojos y su madre le vuelve a decir, con el mismo tono cariñoso mientras se da la vuelta -"venga... levántate que hay que ir al cole..."- le dice. "Mamá"- reclama la atención de su madre aún medio dormida, "¿los abuelos vivían en una casa que era una cueva?". La madre la mira un segundo sin hablar... "¿quién te ha contado eso?"- pregunta. "Ayer un viejo de la plaza dijo que en el pueblo había casas que eran cuevas. Que la gente se hacía la casa cavando, que hacía las habitaciones, las cocinas, que le ponían luz... ¿es verdad?"- pregunta. Y la madre le responde mientras le escoge la ropa del día -"Sí hija, antes había gente que era pobre y no podía hacerse una casa normal, y se hacían así sus casas. Eso se ha hecho también en otros sitios, seguro que te lo contarán en la escuela. Y si no pregúntale al profesor verás como te lo dice." "¿Y los abuelos?"- sigue preguntando mientras se levanta. "No, los abuelos tampoco eran muy ricos que digamos, pero tuvieron más suerte y pudieron tener una casa de obra, como la nuestra"- le dice mientras le deja la ropa al lado. "Pues hoy he soñado que sí, que vivían en una casa de ésas y que yo estaba con ellos"- responde contenta. La madre le sonríe... y le pregunta "¿y no te ha dado miedo vivir en una cueva?"- "¡no, que va!, Era bonita"... se queda pensado un momento y sigue -"Mamá, qué pena que ya no haya casas así en el pueblo".

    Nieves M. Martín

15 de febrero de 2004 
 
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