En recuerdo de Marisa, Ubaldo y Maria Belen

Un aņo y para delante

 
    Me cuesta volver a esos días. Y sólo fui espectadora, dolida, pero espectadora. Días muy tristes que las familias no olvidarán, aunque aprendan a vivir con el recuerdo. Pero creo que debo escribir sobre lo que es, un año después de que tres promesas desaparecieran del pueblo.

    En realidad creo que no se han ido, siguen con nosotros. Con lo mucho que me queda por ver, con lo poco que he visto, estoy convencida de que la memoria es la única inmortalidad certera que nos ha sido otorgada. La memoria de quien nos amaron, de a quien importamos, de quien nos apreció mientras estuvimos en su vida.
Es difícil, imposible supongo, aceptar que, a pesar de que la vida se acabe a temprana edad, lo importante es que el camino andado hasta ese momento, haya servido para llevar y dejar cariño y aprecio en el recuerdo. Si dejas eso en los demás cuando mueres, entonces es que has vivido para algo. Es tal como lo veo.

    Estoy viva y escribiendo estas líneas, lo sé, desde aquí es fácil decir todo esto. Es el dolor, por toda la gente que quise y que ya falta, lo que me ha hecho aprender esto. O tal vez es porque pensar así te hace sonreír cada vez que piensas en quien ya no está. El vacío que dejaron no se suple jamás, pero el cariño con que nos llenaron es lo que da fuerza para seguir.

    Hace un año por estas fechas nuestro pueblo no se creía lo que estaba pasando. No nos podíamos creer que hubiera tantos "tuertos" que hubieran puesto su mirada, todos a la vez, en Alcadozo, en Marisa, en Ubi, en Maria Belen.

    Pero la vida sigue, aunque te quieras apear el autobús no se para. Y hay otra gente que sigue contigo y por la que merece la pena no bajarse.

    No hay palabras. En estas ocasiones cualquier silencio es más significativo que lo que podamos extendernos. Desde aquí sólo unas líneas de apoyo a las familias de quienes dieron tanto en tan poco tiempo.

Nieves M. Martín