Ha estado unos cuantos
añitos. Ahora no sé cuantos exactamente, en todo caso los
suficientes para que no sea una buena noticia la de su marcha.
Un curita joven, sangre nueva, y con
carácter. Esa fue la impresión que me causó al principio.
Y esa es la que sigo teniendo. Dejó claro cual era su puesto y
el de la Iglesia en Alcadozo. Le dio un empuje distinto a la parroquia,
o eso creo yo, respetando y haciéndose respetar.
Adecentó el salón parroquial
(fue lo que más me gustó sin apenas conocerle), habló
en sus sermones de otra manera... y todo lo que hizo también creo
que hacía falta y que hay que continuarlo. Para eso tenemos curita
nuevo. Sangre nueva, nuevo brío, que deje también lo suyo
y que todo lo que aporte sea bueno... que lo será. De depender
de mí, seguro que, en puesto de Damián, hubiera sido más
extremista a la hora de hacer las cosas. Él tuvo que aportar dosis
de paciencia con todos nosotros que seguro yo no tendría... por
eso él es el cura y yo no.
Pero si algo voy a recordar con mucho
cariño de nuestro Damián es el trato de cordialidad que
mantenía con mi abuela Milagros, la Boleca de Precioso. Más
que párroco y parroquiana, y guardando siempre ese respeto, eran
vecinos del mismo pueblo. La doña abuela le tenía en muy
buena opinión... supongo que un poco por eso le di yo una oportunidad,
porque si la abuela lo trataba y se llevaban tan bien, ¡por algo
sería! Después de ella, mis padres también le tomaron
cariño.
Supongo que el secreto de Don Damián fue el hacer ver a la gente
que era un vecino como cualquier otro aunque además fuera el párroco.
Que te sonría la vida, y Dios,
en todo los que hagas, como esperamos nos sonría a los que nos
quedamos en Alcadozo. Vuelve siempre que quieras.
Un saludo,
Nieves M. Martín
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