Los hechos que aquí se cuentan llevaron a la canonización en 1989 de San Ricardo Pampuri, medico y religioso italiano. Iremos publicando más información relacionada con este tema.
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Narración de los hechos ocurridos en mi hijo Manuel Cifuentes Rodenas
en Alcadozo, a primeros de enero del año 1982

   Tiempo estimado de lectura: 7 minutos
 

El accidente
    Sobre las diez de la mañana estabamos en el corral transladando ramas de almendro de un lugar a otro. De pronto acudió a mí diciéndome que tenía una paja en un ojo y que se la sacara. Saqué el pañuelo de mi bolsillo y con una punta del mismo intenté quitarsela, desistiendo al poco rato, pues me dí cuenta de que no era una pajita, sino un corte por debajo de la niña y que le cruzaba casi todo el ojo.
    Se lo hice saber a un hermano mío, que estaba con nosotros y me dijo que era un corte y que no le tocara más en el ojo, sino que lo llevara inmediatamente al médico. Entramos en la casa y rápidamente se alarmó toda la familia y algunas vecinas que se enteraron de lo ocurrido y que también vieron que efectivamente era una herida y no una paja o algo parecido.
Los médicos
    Lo llevé al médico D.Angel Martinez Roncero, que en alquel momento estaba pasando consulta. La que había me dejo pasar sin guardar cola, ante la urgencia de lo ocurrido. El médico lo examinó despacio con los paratos a su alcance y dijo que ante la gravedad de la herida debía verlo inmediatamente un oftalmólogo de la capital. Le vendó el ojo y le dijo que no se tocara, ni se quitase el vendaje hasta que no le viese el especialista.
    Sacamos el coche y lo llevamos inmediatamente a Albacete. También allí pasamos de urgencia a la consulta del médico. Vió el ojo y apreció dos cortes: el grande y otro más pequeño, que a simple vista nos pasó desapercibido a algunos (como a mí). Nos dijo que era muy grave y que se le extropearía el ojo si se tocaba. Le puso este ejemplo: si tú tienes una pelotita con una raja y le sigues dando patadas, la pelota terminará por romperse, pues algo parecido puede ocurrir con tu ojo si le tocas o lo frotas con las manos. Le mandó unas gotas, pomadas, etc ... sobre todo calmantes, pues tenía un dolor grandisimo y nos dijo que volviesemos a los pocos días para ver cómo había evolucionado, pues posiblemente habría que operar. Al oir lo de operar, le pregunto mi mujer, (que también venia con nosotros), si quedaría cicatriz y si podría estudiar de mayor. Le contesto: ¡señora!, cuando usted cose una tela , por muy bien que lo haga, siempre notará algo la costura. Pues algo parecido puede ocurrir aquí: quedará algo de cicatriz , aunque muy pequeña, perderá algo de vista, pero le pondremos gafas y podrá estudiar y no se le notará nada.
    Salimos de la consulta todo preocupados, compramos las medicinas y regresamos al pueblo. Acudió mucha gente para preguntar por él, según es costumbre en estos caso.
El milagro
    A la noche, cuando fuí a echarle unas gotas antes de acostarlo para calmarle el dolor, no nos dejó a nadie quitarle la venda, ni por supuesto ponerle las gotas, pues tenía un dolor muy fuerte y no quería que nadie le tocara.
    Tenía yo, por puro azar, una reliquia de Ricardo Pampuri con una inscripción latina en una chapita. Ponia: "Ex indumentis servi dei Fra Richard Pampuri". En cierta ocasión la encontro mi hijo y me preguntó: ¡Papá que significa esta escritura! y yo le conteste: cuando llege el momento te lo explicaré, ahora no tengo tiempo. Lo acostamos y cuando fuí yo a acostarme, me encontré en mi mesita de noche la chapita con la reliquia. La cogí, fui donde estaba el niño y le dije: ¿Recuerdas que en cierta ocasión me preguntaste qué significaba esta inscipción? Pues bien, ha llegado el momento de explicartelo y le dije en estos o parecidos términos: esta es una reliquia de un santo y pone debajo: "De los vestidos del siervo de Dios F. Ricardo Pampuri. Le expliqué qué es una reliquia y cómo a veces Dios obra milagros a través de sus siervos. Vamos a rezarle todos esta noche y si Dios quiere puede curarte, le levantamos la venda y le pusimos la reliquia debajo y junto al ojo. No sé lo que rezaron los demás. Yo sé que entre otras cosas le dije a una imagen del Señor que hay en la alcoba: ¡Señor! esta es una ocasión extraordinaria para que nos des a todos un empujón en la fé en tí y en tus milagros, muestra tu poder a través de tu siervo F.R.P. Nos acostamos. A eso de las cinco de la madrugada me levanté y pasé a su habitación, no dormía. ¿Como estás? - Me duele mucho. Yo le dije: sigue rezándo y así lo hice yo también. Volví a eso de las siete de la mañana. Estaba durmiendo. Le desperte. ¿Como estás? le pregunté - No me duele nada, ni siento molestia alguna. Le levanté la venda y mi sorpresa fue tremenda al comprobar que la "rajita" había desaparecido y que tenía el ojo completamente limpio. Presa de la emoción llame a mi cuñada (que vive en el piso de arriba) y le paso lo que a mi y lo mismo a toda la familia, que se fue maravillando de ver lo ocurrido
Los médicos después del milagro
    A la hora de la consulta, lo llevamos al médico del pueblo, lo miró y dijo que no observaba herida alguna. Le expliqué lo que habiamos hecho y nos contesto que no creía que los milagros se produjeran hoy en día, que él como médico no creía en los milagros, pero que tampoco se explicaba cómo se podía haber curado una herída como la que había visto el día anterior, ya que tarda algunos días en curar.
    Trajimos el niño a casa y en contra de la opinión de muchos que decian que no le quitasemos la venda, yo les contesté diciendo que Dios no hace las cosas a medias y que si lo habia curado, era con todas las consecuencias.
    Le dije al niño que se podía quitar la venda y salir a la calle, pues le había prohibido salir al sol y tomar la luz directa. Vino la familia y algunos vecinos, que habian visto el ojo dañado y cuando lo vieron curado todos dijeron que era un milagro y algunos lloraron de emoción
    Al otro día o al siguiente, ya no recuerdo bien, y para dar mayor tranquilidad algunos miembros de la familia , que seguían oponiéndose a que el niño llevase el ojo destapado, decidimos ir al oftalmólogo. Así lo hicimos. Cuando nos vió entrar nos dijo que cuál era el ojo malo y él hizo el mismo hizo el siguiente comentario: Que buena señal es cuando el médico no sabe cuál es el organo enfermo. Lo examinó despacio con aparatos electrónicos y dijo: Tiene el ojo claro como el cristal. Cuando el médico consultó la ficha del niño y vió la fecha dijo: en un año ha podido curarse ya, (lo de un año lo dijo porque cuando escribió la fecha se equivocó y puso la del año anterior), pero si me extraña que no haya dejado cicatriz. Nos faltó valor para contarle lo que había ocurrido, pues ya el otro médico nos dijo que como médicos ellos no podian creer en los milagros, por éso nos salimos de la consulta sin decirle nada del hecho. Le mandó a Manolo hacer vida normal.
Reflexiones posteriores
    Contamos el hecho a conocidos y a gente del pueblo. No lo comunicamos antes a la Orden a la que perteneció el santo, por dos razones fundamentales: 1º Nosotros creiamos que ya era santo y que no necesitaba de ningún testimonio para su canonización y 2º porque no sabiamos a qué orden perteneció; por sus vestiduras nos inclinamos a creer que había sido un obispo o un cardenal. En las oraciones de la noche que tenían mis hijos incluimos desde entonces otra nueva que dice: "Oh glorioso San Ricardo Pampuri, ayúdanos a amar a Dios cada día más", pues todos nos creiamos que ya estaba canonizado
    Mi hijo Manolo le reza todos los días a su santo particular. Este año, cuando recibimos unas estampas-fotos de los hermanos de San Juan de Dios, vimos la del beato R. Pampuri; entonces y al ver que aún no está canonizado, sentimos la obligación moral de contar lo relatado y como ahora sí sabemos a la orden que pertenece, decidimos escribirle la carta que ya conocen, por si nuestro testimonio puede ayudar de algo
    Al mismo tiempo que yo estoy escribiendo esta carta, mi hijo Manuel, está escribiendo su versión de los hechos, sin que sepa lo que yo estoy escribiendo, ni yo lo que él escribe, por lo que es posible que diferamos en algunos detalles esta narración, pero creo que coincidiremos en lo fundamental.
    Este relato, muy aproximado a como ocurrió lo firmo yo, padre del niño, mi esposa, familiares y algunos vecinos que vieron el hecho y que dan testimonio con su firma
    En Alcadozo a 16 de abril de 1986


El documento original está firmado por:
- La madre: Esperanza Rodenas
- El padre: Cecilio Cifuentes
- Familiares y vecinos: Josefina Rodenas, José Mª Cifuentes, Angeles Cabezuelo y Francisca Sánchez

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   Agradecemos a D. Cecilio Cifuentes las facilidades prestadas
para la publicación de este documento
 
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